AUTOBIOGRAFÍA LECTORA Y AUDIOVISUAL


Cuando cierro los ojos cada noche suelo tener sueños muy diversos, nunca sé con qué me voy a encontrar mientras duermo. Muchos de esos sueños los sigo recordando porque fueron aleatorios y sorprendentes en su momento, sin embargo, la otra noche sucedió algo mucho más extraño en mi cerebro

Todo empezó cuando el instituto organizó una excursión a Madrid, concretamente a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Recuerdo estar escuchando la explicación del director junto a mis compañeros cuando los disparos y golpes se hicieron presentes. Caos. Gritos. Cristales rotos. Sólo entonces observé a unos cuantos individuos vestidos con monos rojos y caretas de Dalí sujetar una M4 como un juguete. En el sueño lo sentí tan real que pensaba que me estaban atracando de verdad. Al día siguiente, quedé con mi amiga y me contó su romance de verano con un tal Danny, un malote que era menos chulo de lo que aparentaba. Caminamos hacia el instituto mientras seguíamos cotilleando. Cuando llegamos, todos allí parecían alarmados. Me empezó a picar la curiosidad; yo también quería saber qué ocurría. Cuando vi a mi grupo de amigos no tardé en preguntarles, pero no me hacían caso porque estaban comentando otras cosas como que necesitaban un carné falso para poder comprar alcohol o que habían escuchado que alguien del instituto había quemado su casa en una fiesta legendaria. Insistí mucho y, cuando por fin me escucharon, me dijeron que todos estaban nerviosos porque un asesino vestido de la muerte con careta andaba suelto. Ellos no se lo creían, pero yo siempre sospeché del asistente de policía que investigaba el caso. Llegó entonces el profesor de lengua: un señor maravilloso que nos enseñaba poesía. Había un grupo de jóvenes en clase que se llevaban muy bien con él, creo que incluso les regaló un libro secreto que no debían enseñar a nadie... Pero si tuviese que elegir un profesor favorito, ese era el de Filosofía. Podía ser un desastre a nivel personal, pero sus clases no sólo me motivaban a mí, también al resto. Aunque he de decir que tener a su propio hijo de alumno no era lo mejor para él... 

Por otro lado, el profesor de Historia daba miedo. Estábamos dando la autocracia, pero los alumnos se empezaron a comportar cada vez más raro; hasta se inventaron un saludo. Tras conocer a todos los profesores, volví a casa agotada. Mi madre estaba viendo las noticias, como es habitual. Todo eran noticias comunes, hasta que escuché una historia que me dejó helada: un caníbal que devoraba a sus víctimas. Pero lo que me desconcertó del todo no fue solo eso, resulta que era un psiquiatra muy prestigioso y que actualmente estaba colaborando con la policía para capturar a un asesino de mujeres. Recuerdo levantar la vista hacia la pantalla y observar esos ojos enormes y temibles en un fragmento de su declaración policial. Nunca los olvidaría, ni siquiera al despertarme. No puedo calcular bien el paso del tiempo en el sueño, pero deduzco que era el día siguiente. Recuerdo que fui a hacerme un tatuaje. Mientras la tinta se impregnaba en mi piel, observé al tatuador con detenimiento. Tenía tatuajes por todo su cuerpo, pero lo que me llamó la atención fue que eran datos que podría apuntarse cualquier persona en notas, como la lista de la compra. Al despedirme, me dijo: " No podemos fiarnos de nuestros recuerdos".Más tarde, fui a una tienda de juguetes ya que era el cumpleaños de mi primo pequeño. Le encantaban los dinosaurios, así que fui a la sección de animales directamente. Cuando estaba observando un velocirraptor me pareció ver que otro se movía, pero descarté la posibilidad de inmediato; eran juguetes...

De pronto volvía a estar en el instituto. Observé que había un niño por los pasillos que estaba siempre bastante apartado y triste. Le pregunté si estaba bien y me dijo que en ocasiones veía muertos. En ese momento recuerdo que sentí miedo hasta en la vida real. También conocí a un joven que estaba harto de que la gente se alejase de él por su aspecto tan desagradable, sin que se atreviesen a conocerle. Tenía un asno parlante; estoy segura de que eso fue lo más surrealista del sueño. Ese día nos pusieron una película en clase sobre un señor mayor que fingió su propia muerte para averiguar el verdadero interés de su familia por la herencia; recuerdo que me gustó mucho. Sin embargo, me aburría mucho y decidí saltarme más clases. Caminaba hacia el parque más cercano cuando observé que no estaba sola. Un payaso de oficio, bastante cutre por cierto, me miraba fijamente. No me sentí intimidada, al contrario, sentí cierta curiosidad por ese hombre que vestía traje con pajarita, peluca y llevaba una nariz roja que acompañaba su maquillaje mal hecho. Al principio sólo le iba a saludar cordialmente. Eso sería todo. Pero al acercarme me fijé en sus mejillas con detenimiento; se habían vuelto moradas. Le pregunté si le ocurría algo, de pronto me sentí mal por aquel hombre porque parecía haber recibido algún golpe. Sin embargo, él se dedicó a sonreír, y acto seguido comenzó a reírse con unas carcajadas que jamás hubiera jurado que pudieran salir de él. Entonces, observé a unos niños que parecían esperarle en una esquina. No quise quedarme ni un minuto más; me despedí de él y se limitó a decirme que estaba pensando en teñirse el pelo de verde. 

Seguí caminando un poco aturdida, pero mi tranquilidad no duraría mucho más. A lo lejos, dos hombres que estaban enzarzados en un debate me observaban. Me daba curiosidad escucharles, pero tenían toda la pinta de ser unos gánsteres. No me hizo falta acercarme porque, cuando quise darme cuenta, ya estaban caminando hacia mí. Comencé a sudar, pensaba que era mi fin, que habían sido contratados para asesinarme por alguna razón que no conseguía encontrar en aquel momento. Sin embargo, ambos me miraron fijamente y uno de ellos me preguntó con el semblante serio: "¿Tú crees que darle un masaje a la mujer de tu jefe es una falta de respeto?". Nunca me había sentido tan aliviada y confundida al mismo tiempo. Por fin, llegué a aquel parque. Me senté en un banco y observé la naturaleza. Sin darme cuenta, un señor mayor se sentó en el otro extremo. Cuando me giré, no pude evitar asustarme. Él se rio y, sin saber cómo, empezamos a charlar. Acabó contándome que él había trabajado durante muchos años en un hospital psiquiátrico y le había marcado mucho el caso de un hombre con personalidad múltiple que había asesinado a su mujer enferma tras ésta matar a sus hijos. Me impactó mucho la historia, pero lo peor fue que el hombre me dijo que se alegraba de haber salido de aquel sitio porque había hecho cosas terribles. Nunca hubiera imaginado que se trataba de lobotomías. Aquel sueño no me dejaba descansar, irónico.

Recuerdo que casi era de noche. Decidí que necesitaba distraerme de todo aquello, y qué mejor manera de distraerse que yendo a un bar para cambiar de ambiente. Quise buscar algo más moderno, pero parece ser que únicamente existían tabernas por aquella bahía. Entré a la primera que vi con la intención de pedirme una cerveza, sin embargo, cuando todos los presentes se quedaron mirándome entendí que allí, si no bebías ron, no eras bien recibida. Mientras me acostumbraba al ardor de aquel licor pasando por mi garganta, un hombre bastante curioso salió del baño. Fueron tantas las cosas que me llamaron la atención de él que no podría nombrarlas todas, pero él no parecía preocupado por nada que no fuese encontrar su brújula. Pasaron las horas y aquella taberna me parecía cada vez más acogedora. Eso sí, no me atreví a dirigirle la palabra a ninguno de aquellos hombres borrachos ya que únicamente se peleaban entre ellos. Aunque no hablé con ninguno, no pude evitar fijarme en un grupo de señores trajeados que conspiraban en una mesa alejada al fondo. Sí, digo conspiraban porque estaba claro que eran diferentes al resto: eran importantes. Uno era bastante viejo y tenía el pelo blanco, el otro era delgado y de facciones marcadas. Ambos llevaban maletín. Tuve que fingir que tenía que ir al lavabo para acercarme a esa mesa y poder escuchar: "Ahora me he convertido en la muerte, el destructor de mundos".

Cada vez estaba más confundida. Llegué a casa y quise contarle todo a mi madre, pero ella se adelantó y me contó el cotilleo de una amiga suya. Resulta que la mujer no sabía quién era el padre de su hija y tenía a 3 posibles candidatos a los que invitar a su boda, ya que su hija exigía respuestas sobre su pasado. ¡Vaya jaleo!

Aquella noche, en las noticias, no escuché ningún dato sobre asesinos, pero hubo algo que sí me sorprendió. Un científico había sido capaz de desarrollar un implante ocular capaz de reproducir, eliminar y gestionar los recuerdos humanos. Impresionante, ¿verdad? Lo malo fue que, a raíz de esto, en Estados Unidos hubo un caso de denuncia hacia un padre que tenía censurada la visión de su hija pequeña de por vida a órdenes de su exmujer; y todo por éste implante. Me dejó reflexionando. De pronto, las paredes comenzaron a achicarse. Obligada a moverme en un pequeño espacio, me coloqué en un ángulo de mi casa que jamás había observado con detenimiento: tenía una escalera camuflada. Sin pensármelo dos veces subí y atravesé una puerta. Fue entonces cuando me desperté y descubrí que todo había sido un sueño.

Tras reponerme del que considero el sueño más impactante de mi vida, sentí la necesidad de compartirlo con alguien. Necesitaba que el mundo escuchase lo que había experimentado antes de que se me empezase a olvidar. Pude contactar con tres periodistas a los que les interesó la historia para escribir un borrador del libro que empezaron a planear. Sólo había una condición impuesta por los tres que no rebatí: el libro sería firmado bajo el pseudónimo de Carmen Mola.



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