Los Oscars de mi vida

Había una vez una pequeña isla llamada Kalahari donde se desarrolló una historia de drama y música, en la cual una pequeña joven buscaba averiguar quién era su padre a espaldas de su madre, la gran Donna. Así pues, es de suponer que la mayoría de las personas sabrán que estoy hablando del gran largometraje de Mamma Mia. Una película que, para mí, es una de las herramientas para conseguir evadirte un poco de la realidad y cantar al ritmo de ABBA su mítico “Dancing Queen”. Mamma mía, para mí, es la película que me ha acompañado en casi todos los viajes en coche, que ha sonado en la boda de mis padres, que me ha hecho saltar y cantar cada verano en la piscina con mis primas…pero, sobre todo, es la película que me ha acompañado a lo largo de mis dieciocho años.

De este modo, podría seguir contando mucho más de este musical. Sin embargo, creo que en esta historia cabe destacar a otras películas muy típicas, que cada vez que se reproducen consiguen sacar a esa niña que llevo dentro. Bibidi-babidi-bu y aparece aquel castillo inmenso con una hadita que se hace llamar Campanilla, dando paso al apresurado conejo blanco, pasando por el país de “Nunca jamás”, atrapándonos en esos colores en el viento y al ritmo pirata, se sabe que nos espera una hora y media lleva de fantasía y música. Dejando como moraleja la mítica frase de Walt Disney: “Si se puede soñar, se puede lograr”.

Así pues, mi niña fue creciendo y la acción se hizo un hueco en mi historia. Con ello, el mágico mundo de Disney abre el telón al universo Marvel, en el que mi hermano me introdujo y del que hoy en día sigo disfrutando ver. Las películas de Marvel no solo son las emocionantes tres horas delante de la pantalla, para mí son la excusa perfecta para llamar a una de mis mejores amigas y compartir una tarde a su lado.


Por otra parte, como se ha podido ver, soy una persona a la que le encanta la música en todo, la banda sonora me parece la pieza clave para conseguir mejorar cualquier proyecto. De esta manera, no es ningún spoiler que sea una persona apasionada de los musicales. Sí, lo admito, soy de esas personas que, gracias a mi abuelo, se saben toda la escala musical de las canciones y diálogos de Sonrisas y Lágrimas. Para mí esa película me transporta aquel sillón rojo de casa de mis abuelos con aroma a galletas recién hechas.

También puedo reproducirte perfectamente la coreografía de “This is me” en El gran Showman y, por supuesto, soy de esas personas que han limpiado, luchado, bailado y emocionado con la alegría de Annie.

Una vez se apaga la música, y siempre de la mano de mi madre, me adentro en una tarde de invierno donde un enano nos lleva a un mundo de fantasía por Endor. El señor de los Anillos, El Hobbit y Avatar se convierten en mundos fantásticos que siempre me gusta descubrir. Y aunque mi madre y yo estuviésemos encantadas en estos bosques, a mis once años llega mi pequeña hermana María, una gran fan de Hermione y de su célebre mundo de Harry Potter. No obstante, no me quejo, porque, aunque mi infancia no la marcaran las varitas, JK Rowling me ha dejado una gran saga que, junto a unas palomitas preferiblemente saladas, siempre es un plan asegurado para ver con mi hermana y mis primas.

Para finalizar, no me gustaría llegar al desenlace sin mencionar mi admiración por las películas históricas y emocionantes que mi yo del pasado descubrió a través de los libros de La ladrona de Libros, la inocencia de El niño de pijamas a rayas y la reflexión que nos deja Salvar al soldado Ryan, películas llenas de sentimiento que hacen reflexionar sobre la historia de la humanidad.

Por otro lado, a lo largo de la película de mi vida, no solo el cine ha marcado recuerdos, también soy una persona que siente al ritmo de Morat, que lee a través de Lorca y a la que le encanta observar el mundo a través de los ojos de Van Gogh, ya que, como decía Lily Collins: “Los sueños nos llevan a lugares mágicos que intentamos capturar en el cine, la música y el arte”. Así pues, colorín colorado, esta historia que sin parar de sonar las notas de ABBA te he contado, ya ha acabado.









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